La película que no queríamos vivir

Recuerdo que al finalizar el milenio anterior, la preocupación del cine parecía ser el fin del mundo a causa de la caída de un meteorito o una invasión alienígena. Superamos esa etapa, esos miedos aparentemente ya no están, pero aparecieron otros, la manipulación constante y excesiva de la Naturaleza por parte del hombre sería la responsable de invasiones zombies y enfermedades contagiosas al extremo. Bueno, como de la “Epidemia” (1995) no nos salvamos (si tienen ganas de ver la peli, se van a sorprender del parecido con la realidad), nos queda esperar que “Guerra Mundial Z” (2013) se quede en el celuloide.

Más allá del humor o la ironía con la decidamos leer lo anterior, creo que todos sentimos que estamos viviendo dentro de una película, pero de una de esas en la que nos ponen en contra de nuestra voluntad, porque la mayoría de nosotros debemos estar bastante lejos de ser Brad Pitt. Muchos no salen de sus casas y se dedican a desinfectar casi de manera constante (y obsesiva); los encargados de hacer las compras vuelven espantados de las barricadas que ponen los barrios bajo sitio, la cantidad de barbijos deambulantes y la desolación de las calles; y todos aquellos que salen a trabajar, seguramente libran sus propias batallas cada día, llenos de incertidumbre y preocupación.

Seguramente, las calles vacías de nuestras ciudades serán postales que no van a ser fáciles de olvidar. Pero también hay otras postales, más hermosas, la de los animales salvajes tomando posesión de los espacios que el hombre ocupó sin su permiso. A diario nos llegan desde distintas partes del globo fotos de playas copadas de aves que aprovechan para reproducirse en tranquilidad, también de animales marinos que descansan sobre las calles próximas a la costa. Ni hablar de la sorprendente visita de medusas en los canales de Venecia.

Animales difíciles de avistar como jabalíes o ciervos, salen a caminar y tomar sol por las calles que nosotros no podemos transitar. Suceden cosas poco comunes como encontrarse con patos, pelícanos o mapaches en los parques que nosotros no podemos habitar. Y también suceden aquellas no tan poco comunes, como cientos de palomas o monos congregados a la espera de comida, porque claro, el alimento que antes llegaba fácilmente de manos de los transeúntes, hoy escasea.

Hay una frase muy trillada pero que, para mí, es muy cierta: la naturaleza siempre se abre paso. Es muy conocido el reclamo de los ecologistas acerca del daño que le hacemos al planeta y desde que comenzó el milenio cada vez es más la gente con conciencia ecológica que cría a sus hijos enseñándoles a hacer su propia huerta y/o compostera o vivir bajo el lema de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. La idea central es que con pequeños actos cotidianos podemos ayudar al planeta. La generación de residuos es uno de los problemas más grandes, los otros ya son un tema más complicado, emisiones de gases y desechos de grandes fábricas. Pero no hay que desestimar el cambio, de a poco el mundo entero va tomando conciencia y a largo plazo, espero, va a llegar el gran cambio que nuestro planeta está necesitando.

Jabalíes deambulan por las calles de Haifa, Israel 

Mientras tanto, aténganse a las consecuencias, la naturaleza se defiende con las armas que tiene al alcance de sus manos. Es eso o aceptar alguna de las muchas teorías conspirativas que circulan. Pero yo me pregunto, a nadie se le ocurrió pensar que es el personaje principal de un reality al mejor estilo “The Truman show” (1998), pero en época de vacaciones, con todos los actores de reparto que se fueron de viaje y nos dejaron solos y el guionista no tuvo mejor idea que planificar una pandemia para que ustedes se tuvieran que quedar encerrados…

Ante la ausencia de turistas, los lobos marinos coparon la banquina del Puerto de Mar del Plata, Argentina

Y bueno, antes de perder la cordura, sigamos imaginando, que es gratis y estamos con tiempo. Aprovechemos para leer y alejarnos un poco de los noticieros. Los que tienen aunque sea un pedacito de jardín, aprovechen las horas de solcito y calor para descalzarse y tomar contacto con la Pacha que siempre trae paz y tranquilidad. A respirar del aire cada vez más puro que estas particulares circunstancias nos están permitiendo y, haceme el favor, salí de noche a ver cómo está el cielo, te vas a sorprender.

Una mujer observa a los monos mientras buscan comida en la puerta de su tienda, frente al templo Prang Sam Yod en Lopburi, Tailandia
Cientos de aves llegan a la playa de Agua Dulce, que generalmente está poblada de turistas, en Lima, Perú
Medusa en los canales de Venecia

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