Estilo Oriental Zen

Limite Vertical

Limite Vertical

Si bien no son exactamente lo mismo, el estilo oriental y el Zen tienen un mismo origen y características muy similares, es por ello que los tomamos como un conjunto. Pero, está bueno que sepas que el estilo llamado Zen es, por decirlo de alguna manera, más extremo que el estilo oriental, ya que el primero se liga de manera directa con la filosofía y las enseñanzas de Buda y el segundo pretende ser un estilo de decoración que occidente está tomando como modelo. La búsqueda de este movimiento decorativo no se debe solamente al exotismo que transmite, tiene que ver también con la búsqueda de ambientes de armonía en los que sea posible alcanzar la paz interior. Obviamente se utilizan elementos decorativos alusivos a la cultura oriental, como murales, fuentes e inciensos, el contraste de texturas, como piedra, papel, madera y la infaltable presencia de la naturaleza por medio de flores, piedras y agua. Todo se ubica en total equilibrio, con el concepto del yin y el yang como el balance de las energías del ambiente. 

Otro de los principios de este estilo es el minimalismo, tratando de que el campo visual esté siempre despejado, la simpleza de elementos es uno de los puntos básicos a tener presente. Otra de las claves del estilo oriental es el uso de tonos neutros para crear los ambientes, blancos, beiges o marrones claros. Sobre éstos se dan pinceladas de negro, un color que en la tradición oriental es muy utilizado ya que estiliza los espa- cios, o de otros colores vivos como el rojo, el naranja o el ocre, siempre en pequeñas cantidades. La iluminación debe ser indirecta, y los puntos de luz deben estar en la medida de lo posible escondidos o disimulados. 

Los materiales utilizados en este estilo son el bambú, la piedra, la madera de cedro, la seda, el papel de arroz o el mimbre, entre otros. Y en este sentido, el ya mencionado principio del Yin y el Yang suele estar muy presente en el contraste de materiales. Por ejemplo en combinaciones como madera envejecida con los acabados brillantes del lacado, la finura de la seda con la resistencia del mimbre, o la rudeza de la piedra con la delicadeza del papel de arroz.